El Soberbio Orinoco by Julio Verne

El Soberbio Orinoco by Julio Verne

Author:Julio Verne
Format: epub
Tags: sf
Publisher: www.papyrefb2.net
Published: 2014-07-31T04:00:00+00:00


SE SEPARAN LOS CARTÓGRAFOS

Unos disparos hicieron que el corpulento Marcial despertase sobresaltado bajo el chamizo de la embarcación. Apartó el mosquitero, se cubrió precipitadamente con la camisa y sin esperar calzarse las botas se precipitó en la parte donde sabía reposaba su «sobrino».

El muchacho también había despertado y con cierta alarma indagó:

- ¿Qué pasa, Marcial?

- No lo sé; pero al oír disparos temí que… a ti…

- Tranquilízate, hombre. ¡No me pasa nada!

- Sí, eso. ¡Encima ríñeme! No hago más que des vivirme por protegerte, y tú…

- Yo agradezco tu interés, Marcial. Pero a veces…

- A veces…, ¿qué? ¡Vamos, dilo!

- Que a veces te pasas.

- Lo dices por esos dos jóvenes, ¿verdad?

- Admite que anoche no estuviste muy cortés con ellos.

- En cambio, tú sí. ¡Demasiado! Les invitaste a llevarlos en nuestra embarcación.

- Oíste que perdieron su piragua.

- ¡Lo oí! Pero bien podían viajar en la otra. De no adelantarte tú, seguro que don Felipe y sus. amigos les habrían invitado a ir en la suya.

- No habrá ningún peligro. No han descubierto quién soy.

- ¡Pero yo sí lo sé! ¡Y me inquieta que lo descubran!

- Eres un gruñón, Marcial. Deja de discutir y averigua quién ha disparado y por qué.

Fuera del chamizo que les servía de camarote, Marcial observó que en la vecina embarcación los tres geógrafos también se habían despertado bruscamente. Lo anunciaban las escasas ropas que vestían y don Felipe le gritó:

- ¿Ha oído esos disparos?

- Sí… Parece que es en la jungla, algo lejos.

- Eso calculé yo -intervino don Miguel.

En aquel instante apareció el mestizo Vélez por la popa, informando:

- Tranquilos, señores. ¡No pasa nada!

- ¿Y esos disparos? -insistió Marcial.

- Deben ser sus amigos, esos dos franchutes. Se levantaron muy temprano, para ir a cazar.

Unos minutos después, se acercaban a la orilla con aire muy satisfecho Jacques Helloch y su amigo Germán Paterne. Su botín de caza consistía en dos «ángeles», un «zuro» -palomas silvestres-, así como dos pécaris y un saíno, además de un «capuchino», uno de los monos pequeños y comestibles de aquellos territorios.

Lo dejaron todo junto a los rescoldos del fuego de la noche anterior, aunque el buen humor de Jacques Helloch le hizo lanzar más hacia la orilla el «capuchino» gritándole con aire festivo al ex militar:

- ¡Ahí tiene, Marcial! Lo cacé para usted.

Todos sonrieron divertidos empezando a bajar de las embarcaciones, pero Marcial con repugnancia exclamó:

- ¿Un mono?

- Es un «capuchino».

- ¡Cómaselo usted!

- ¿Qué dice, hombre? Le aseguro que bien guisado ofrece a los gourmets un excelente regalo para el paladar.

- ¡Pues no lo quiero!

- Usted se lo pierde, amigo. El mismo Chaffanjón ha escrito en su libro que un «capuchino» vaciado y asado a fuego lento, según la costumbre de los indios, resulta muy apetitoso. ¡Un manjar escogido!

Sin dejar de festejar la broma del joven cartógrafo, el muchachito remachó:

- Es cierto, Marcial. Yo también lo leí en el libro del explorador Chaffanjón.

Molesto por sentirse el blanco de todos, el ex sargento insistió:

- Repito que no lo quiero. Me comeré una de esas palomas.



Download



Copyright Disclaimer:
This site does not store any files on its server. We only index and link to content provided by other sites. Please contact the content providers to delete copyright contents if any and email us, we'll remove relevant links or contents immediately.